Los franceses estrenan una poderosa herramienta de salud

Los ciudadanos franceses están de enhorabuena: desde este mes tienen en sus manos una “herramienta valiosa” para luchar contra la mayor causa de muerte en el mundo: las enfermedades crónicas o no transmisibles, como la diabetes o la obesidad. Lo entrecomillado no lo decimos nosotros, sino que lo ha dicho su ministro de Salud. ¿Y qué es esa herramienta? Pues, por tonto que parezca, es un nuevo sistema de etiquetado de sus productos alimentarios: esquemático, colorido y, sobre todo, ubicado en el frontal de los envases, de manera que facilite de un vistazo la toma de decisiones de los consumidores galos.

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Santé publique France

Aunque de implantación voluntaria, el llamado sistema Nutri-score es sin duda una magnífica noticia para nuestra salud (bueno, para la de los franceses), aunque no tanto para la industria agrolimentaria, pues esta verdadera medida de salud pública no deja de ser un aviso (otro más) de que no es oro todo lo que reluce en su oferta.

 

Precisamente, desde Concísate hemos dedicado no pocos esfuerzos a separar la paja del grano en este complejo mundo que combina consumo, ciencia y salud, especialmente en lo que toca a los menores de edad, consumidores indefensos pero brutalmente expuestos a la mercadotecnia imperante.

Casualmente, casi al mismo tiempo que nos enterábamos de la puesta en marcha de esta medida adoptada por el gobierno francés, nos llegaba un mensaje en la misma línea de una de las ágoras universitarias de salud pública más prestigiosas del mundo, la de Harvard, con un vídeo (más abajo) en que nos recuerdan que cuidadín: que un producto alimentario hable bien de sí mismo, diciendo que es fuente de fibra, ayuda a tus defensas o lleva vitaminas, no es garantía de que sea saludable.

¿Y por qué pasa la tamaña contradicción descrita en el párrafo anterior? Porque en la UE alguien se ha olvidado de cumplir un mandato reglamentario desde hace casi una década, generando un boquete que deja maltrecho nuestro comportamiento como consumidores, y también nuestra salud: así está la legislación.

En fin, que el Semáforo Nutricional británico, los hexágonos de advertencia chilenos o el más veterano ojo de cerradura de los países nórdicos (dónde si no) ya no están solos en el necesario mundo de los etiquetados cualitativos, mediante iconos frontales de advertencia al consumidor. Por aquí, de momento, a falta de tales apoyos, desconocemos los semáforos que nos llevamos a la boca; algo que hemos investigado de primera mano, y cuyos resultados esperamos publicar en breve (de momento, los hallazgos colaterales).

Seguiremos al tanto.

Por Félix A. Morales,

Salud y suerte.

 

 

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