El caso de la diabetes nos puede valer de ejemplo para apuntar la relación entre políticas públicas y salud de los ciudadanos. En la imagen de abajo puedes ver lo que pide la Organización Mundial de la Salud a los gestores de la cosa pública para luchar contra la diabetes, si bien cada una de las ideas propuestas señaladas son perfectamente extrapolables al resto de enfermedades que azotan nuestra sociedad: regulación de la venta de alimentos poco salubables, sistemas de etiquetado más comprensibles para los consumidores, más impuestos a productos poco recomendables, espacios públicos para la actividad física… Es prioritario.
Ocurrió el pasado verano y fue por ¡unanimidad! Sí, por unanimidad aprobó el Parlamento de Canarias el nuevo Plan de Salud para las islas, la comunidad autónoma con menos años de vida saludable. ¿Sabes cuál es su primera línea de actuación?: programas para reducir, sobre todo entre los niños, «el consumo de bebidas carbonatadas azucaradas, bollería, lácteos azucarados y dulces en general, y promover el ejercicio físico». No será fácil, pero es el camino.
Sus Majestades de Oriente: el año pasado por estas fechas ultimaba mi particular carta de Reyes, que a través de internet viajó entre no pocas personas. Pero está claro que no llegó a sus destinatarios reales, pues nada se ha cumplido. La decepción ha sido mayúscula. Así que este año la repito sin cambiar una coma. No pienso molestarme en reescribirla, aquí está. La situación sigue tal cual; bueno, miento, realmente se ha puesto (nos la han puesto) más cruda. Ah, va sobre la salud de mis conciudadanos, especialmente la de los niños, esos cuya esperanza de vida ya no está tan claro que vaya a ser mayor que la de sus progenitores… Tela, ¿eh?
No obstante, no permitiré que el pesismismo inunde estas líneas. Hay esperanza. Dijo Víctor Hugo que nada detiene una idea cuya hora ha llegado. Y creo que esta hora está llegando: desde muchos flancos hay gentes avivando este presentimiento: sanitarios, divulgadores, técnicos de las administraciones públicas, incluso un número creciente de políticos, entidades socioculturales, periodistas, Margaret Chan… Sólo falta que se una con decisión a este envite la parte fundamental: los padres y madres.
La semana pasada, el abajo firmante estuvo apostado en un céntrico parque público de Santa Cruz de Tenerife, dentro de una carpa 6×3 y pertrechado de un modesto surtido de alimentos y productos y varias sencillas herramientas para su análisis e interpretación. Se trataba de uno de los puestos de las Miniferias de las Semanas de la Ciencia y la Innovación en Canarias 2016, promovidas por la Agencia Canaria de Innovación, Investigación y Sociedad de la Información, entidad a la que agradezco su confianza.
Mi misión era ofrecer unas imaginarias gafas científicas a todo el que por allí pasara, tuviese 10 ó 90 años, para que, por sí mismo, repensase las relaciones entre hábitos de consumo y salud, ayudando a limpiar su mirada del polvo del marketing y la paja de los mitos. Durante tres días, me relacioné con cientos de personas: niños y jóvenes, madres y padres, abuelos y tíos; ciudadanos, en fin.
Ojo al dato: la mayoría de los niños norteamericanos no cumplen los requisitos de una buena salud cardíaca. Léelo de nuevo e intenta digerirlo. Lo acaba de hacer público, en pleno agosto, la Asociación Americana del Corazón, a través de un dictamen científico, que señala que la principal razón de ello es que el 91% de ellos tienen unos hábitos de alimentación deficientes, siendo su principal fuente de energía los productos azucarados, de bajo valor nutricional, relegando a los que todos sabemos más saludables: frutas, verduras, pescado, cereales integrales…
Estremece. Lo pudimos leer en la prestigiosa revista científica The Lancet hace unos meses; ahora lo observamos en un vídeo de la web especializada en análisis de datos Metrocosm. Puede interpretarse como un mapa de la evolución del sobrepeso y la obesidad mundial, país a país, a lo largo de 40 años; pero en realidad hay que asumirlo como el crecimiento de una bomba de salud pública de enormes consecuencias (personales, sociales y económicas).
España empieza en el tercer escalón cromático; ya va por el sexto. Canarias, nuestra inmediata razón de ser, más de lo mismo. ¿Y ahora? Desde Concísate, hacemos esto: contarte este tipo de cosas, hacer algunas más y proponer otras muchas que ansiamos sean realidad. Feliz verano.
El pasado 1 de junio, en el Foro Salud y Bienestar organizado en Tenerife por la Fundación CajaCanarias, los expertos nutricionistas y divulgadores Juan Revenga y Laura Saavedra se pasaron algo más de una hora repitiendo casi constantemente un consejo universal, a modo de mantra invocatorio: come comida. Al día siguiente, en el mismo ciclo de conferencias, el investigador en nutrigenómica José María Ordovás y el endocrino Luis Morcillo procedieron a algo semejante, destacando a cada paso, a modo de idea-fuerza, que lo que hacemos influye en lo que padecemos, con peso parejo a lo que tengamos predeterminado en nuestra carga genética.
Esto es, cuatro perfiles de profesionales sanitarios diversos —procedentes del laboratorio, de las aulas universitarias, de la clínica hospitalaria y la consulta a pie de calle, de foros de divulgación…— y los cuatro coincidentes en ofrecer a la ciudadanía nada más y nada menos que una pequeña lista de recomendaciones, sencillas, escuetas, concisas: cuidarse, moverse, comer como nuestros abuelos, desconfiar de las publicidades de multitud de productos, desoír cantos de sirena de soluciones instantáneas a nuestros posibles problemas de salud. Diáfano. Pero…
Primera jornada del foro con Juan Revenga y Laura Saavedra, moderada por el abajo firmante (foto: Aaron S. Ramos/Fundación CajaCanarias)
Como en tantos ámbitos, Estados Unidos ha marcado la pauta durante las últimas décadas sobre políticas alimentarias; una de sus influencias planetarias más exitosas, que todos conocemos, ha sido la pirámide de los alimentos. Nótese el tiempo verbal en pasado: esta guía visual sobre consejos de alimentación, creada por la administración norteamericana de Agricultura a principios de los 90, hace ya un lustro que fue abandonada por sus propios promotores, en sintonía con otros países y entidades académicas y científicas.
¿Y en España? Pues no sólo ha sido recientemente actualizada la ‘pirámide’ más influyente de nuestro suelo patrio, sino que productos de los considerados superfluos la lucen orgullosos en sus envases, para ¿confusión? de los consumidores. Andamos todo el día confundidos.Seguir leyendo La pirámide desprestigiada→
Qué suerte vivir aquí fue el lema de una popular campaña publicitaria de hace casi dos décadas realizada por una conocida marca de cerveza de Canarias; la frase hizo fortuna y casi se ha convertido en latiguillo común para referirse a hechos variopintos de la cotidianidad del archipiélago. No negaremos que sea una suerte vivir aquí, pero sí nos atrevemos a poner serios reparos si observamos su realidad desde el punto de vista de la salud y el sufrimiento padecido por los que aquí vivimos. Juzga por ti mismo.
“Si no queremos ser presa fácil de los vendedores de veneno de serpiente y las pseudociencias o caer en el descreimiento, los ciudadanos debemos aprender a ser consumidores exigentes de la información de salud, lo mismo que en otros ámbitos de la vida hemos aprendido a identificar un buen producto o una buena relación calidad-precio”, afirma Gonzalo Casino, doctor en Medicina, experto en Bioestadística y reputado periodista científico, con una dilatada trayectoria en medios como El País o editoriales científico-sanitarias.
Con su ayuda cualificada, desde Concísate queremos ofrecerte un conjunto de recomendaciones para ser, precisamente, un consumidor crítico de los mensajes médicos y de salud que lees o llegan a tus oídos, que no son pocos. Comencemos.
Gonzalo Casino, una voz autorizada en el campo de la información de salud